¿Qué es Wine Tour Urbano (WTU)?

Se trata de una actividad que organiza una empresa de eventos quienes han realizado ya estos recorridos urbanos en otras áreas de la ciudad (Recoleta, Palermo, también en el Tigre) La actividad se llama Wine Tour Urbano (WTU). Se trata de un recorrido a cielo abierto de degustación de vinos de bodegas pequeñas y más bien de perfil exclusivo (de alta gama). Cada nueva edición el evento toma la característica propia del sector urbano específico. Así en Palermo se lo vinculó al diseño, en Recoleta al arte. Este año se eligió el sector institucional del Casco Histórico, y por lo tanto se vinculará a la temática patrimonial (puede consultar sobre ediciones anteriores en la página www.winetoururbano.com.ar o en el archivo que le adjunto: Wine Tour Todas las fechas). Nuestra Dirección General se suma, haciendo sinergia con el evento, generando un recorrido temático en el área. Esto permite dar nuevas perspectivas a este sector urbano tan especial, como es el Casco Histórico, acercando nuevos visitantes, al tiempo que permite mostrar bienes de valor patrimonial a los que no se accede regularmente. Este recorrido que organizamos tiene el nombre preliminar de Baco en el Casco Histórico (le adjunto un resumen de la actividad que haremos: Archivo Ficha visita WTU). El evento se realizará 3 viernes de los meses de otoño de este año: 16 de marzo, 20 de abril y 18 de mayo. El horario del Wine Tour Urbano es de 19 a 22. En el WTU, cada bodega que participa coloca un corner en el lugar que se le adjudica y un sommelier da a degustar el vino en una copa que cada participante adquiere en el punto de convocatoria y le permitirá acceder a todos los puntos del circuito. Cada mes se ofrecen cepas diferentes. Por experiencias anteriores se puede decir que circulan en el orden de las 150 personas, durante las 3 horas que dura el evento, pero no pasan todas juntas porque una vez adquirida la copa con la que se hace la degustación, cada persona hace el itinerario que quiere. El perfil del público es de habitues y turistas y conforman un grupo en general que se suma y espera cada nueva edición, lo cual nos parece muy interesante para difundir el área. Los caminos de Baco – Edición Mayo El Casco Histórico de la Ciudad constituye un lugar único, irrepetible y no renovable. Ningún otro como él atesora su historia y su memoria. Sus calles empedradas, sus farolas, sus patios, balcones y rejas en las ventanas, sus iglesias y museos, sus ferias características, sus bailarines de tango y sus cafés, le otorgan una magia especial que se percibe al recorrerlo. Se inscribe dentro del área central de la Ciudad y comprende una parte del casco fundacional y el eje de Avenida de Mayo. Lo conforman los barrios de San Telmo y Montserrat. El mismo está delimitado por las calles Bartolomé Mitre, con la totalidad de los lotes frentistas; el eje de la Av. Ing. Huergo, Brasil y Av. Paseo Colón; la Av. Martín García con la totalidad de los lotes frentistas; el eje de la Av. Montes de Oca y las calles Finochietto y Lima; finalmente la totalidad de los lotes frentistas de la Av. Independencia y el eje de la calle Combate de los Pozos. BARRIO DE MONTSERRAT El barrio de Montserrat, es el barrio más antiguo de la ciudad. Su nombre data de 1769, al crearse la parroquia de Nuestra Señora de Montserrat. Su población compuesta por negros, estaba compuesta por sociedades: Cabunda, Banguela, Mondongo y Angola. También se lo llamó, “Barrio del Tambor”. Originalmente Montserrat fue hispánico, sustentado en la devoción a la Virgen Catalana, “la Moreneta”, privilegiada por los negros. La diagramación del barrio responde a la disposición en damero, alterada por el trazado semicircular de La Rábida, el callejón 5 de Julio y Diagonal Sur. Las principales avenidas de este barrio son: la Avda. de Mayo y la Avda. 9 de Julio. La colectividad española se asentó en Belgrano y Rivadavia y sus trasversales, así la Avenida de Mayo crece bajo la suntuosidad de la arquitectura francesa y su destacable acento ibérico. a) MANZANA DE LAS LUCES. Perú, Alsina, Bolívar, Moreno. Con este nombre la bautizó el periódico “El Argos” en 1822, puesto que en ella se asentaban importantes instituciones de la cultura. Los jesuitas se instalaron aquí en 1633 y desde ese momento la Compañía construyó los numerosos edificios de sus varias instituciones, de los cuales algunos han llegado hasta hoy: Procuraduría de las Misiones, Casas de Renta, Residencia del Procurador. Luego de su expulsión en 1767, estos predios tuvieron diferentes destinos como la Antigua Universidad de Buenos Aires (Academia de Medicina y Departamento de Ciencias Exactas), Sala de Representantes (Legislatura y Congreso Nacional), entre otras instituciones. Se destacan los túneles del siglo XVIII de los que puede visitarse un sector donde se han efectuado trabajos de conservación arquitectónica. Influencia de los jesuitas en la cultura gastronómica rioplatense: Las dificultades con el agua potable hizo que la población manifestara cierta inclinación al consumo del vino y la cerveza, nacionales e importadas. Para contrarrestar este “vicio de la humanidad” como era considerado por la Iglesia Católica, los jesuitas promovían la bebida del mate. Esta bebida rápidamente fue un alimento refrescante, de descanso o para agasajar a amistades. La infusión se hacía con yerba mate (ilexis paraguaiensis), cancheada o no, misionera y brasileña, de acuerdo al gusto del consumidor. En caso de carecer de recipiente y bombilla, se lo preparaba como si fuera té y se bebía con leche o solo. Otras medidas que se adoptaron para frenar el consumo de alcohol fue prohibir la venta de vino a los nativos y esclavos. Otra posible influencia de los jesuitas en ciertos grupos socioeconómicos argentinos fue la preferencia por los vinos endulzados artificialmente (abocados), gusto quizás derivado de los “vinos de misa” (principalmente el llamado “mistela”), esto se entiende más si se recuerda que las primeras cepas de vid para vino fueron plantadas en Argentina a inicios de s XVI precisamente para cumplir con la liturgia católica. En cuanto a la comida, los jesuitas “ayudaron a introducir” ciertos alimentos que utilizaban en las distintas reducciones a lo largo de la región que muestran el entrecruzamiento de las cocinas española y aborigen. El menú diario de la época colonial consistía básicamente en caldo, mazamorra y asado. El caldo era una variante del cocido español con ingredientes locales, que se hacía hirviendo carne, maíz blanco y verduras. La mazamorra se preparaba con maíz blanco; se comía sola, con azúcar o sal, caliente o fría, con leche, arrope o miel. Otras comidas de la época eran el locro, la chuchoca en base a maíz y charqui, la sasta o sastaca, preparada con charqui asado y molido en mortero. Entre los exponentes de la pastelería sobresalían las empanadas, tortillas, bizcochitos y pasteles, y especialidades dulces como las masitas, alfajores, colaciones y merengues. Con respecto a los túneles, construidos en los siglos XVII y XVIII, los cuales formaban una red que unía iglesias y edificios públicos con el Fuerte, se cree que eran utilizados para la defensa de la ciudad, que era asediada por piratas y corsarios. Pero otras fuentes indican que en realidad se utilizaban para el contrabando de mercaderías, actividad en la que estaban involucradas hasta las mismas autoridades. b) CAFÉ DE MARCÓ. Bolívar y Alsina. Se hallaba en la intersección de las calles de la Santísima Trinidad y de San Carlos, esquina noroeste, frente a la iglesia de San Ignacio y haciendo cruz con la botica de Marull. El 4 de junio de 1801, “El Telégrafo Mercantil” dio cuenta que el nuevo dueño del lugar era Pedro José Marcó, y anunciaba que: “Mañana jueves se abre con superior permiso una casa café en la esquina frente del colegio, con mesa de villar, confitería, y botillería. Tiene hermoso salón para tertulia, y sótano para mantener fresca el agua en la estación de verano”. Al local comercial se lo denominó “Café de Marco”, aunque algunos lo llamaban “Mallcos”. También se lo conoció como “el Café del Colegio”, pues estaba frente al Colegio de San Carlos. No se entraba por la esquina, como en otros establecimientos análogos, sino por la calle de la Santísima Trinidad. El cartel de la entrada indicaba: “Villar (2), Confitería y Botillería”. Tenía el café dos billares, lo que le daba categoría y le atraía a los jóvenes. Había pasado esta venerable institución por una época mala: en 1801, Marcó, acosado por los acreedores, debió vender los billares, pero los recuperó en 1804. Era el café de Marco, lo mismo que el de catalanes y algún otro, ágora y club. No existiendo en la ciudad salones, cuando algunos hombres necesitaban reunirse lo hacían en el café. Toda oposición política se iniciaba allí. Era lonja de mercaderes y bolsa de chismes. En sus mesas pobretonas se concertaban amistades y se planeaban conquistas amorosas. Allí se redactaban algunos de los pasquines que a la noche eran arrojados por debajo de las puertas de calle, y allí nacían los pleitos y las quejas. Indudablemente sin el café de Marco y el de catalanes no hubieran sido posibles ciertos acontecimientos, como la revolución del 25 de Mayo de 1810. El local no tenía más adorno que dos espejos de regular tamaño. Los mozos servían de calzón corto, chaquetas y alpargatas. Se bebía además de café y chocolate, vinos españoles, anís, agua con azucarillos, denominados “panales”, “agrio”, o sea jugo de limón, o de naranja, con agua y azúcar, y “sangría”: vino tinto, agua y limón. También ofrecía a sus clientes el alquiler de un pequeño carruaje para los días de mal tiempo, en que se les hacía difícil volver a sus casas. Habitualmente en horas de la noche no había parroquianos, sobre todo en invierno, excepto los grupitos de jugadores y noctámbulos. Los hombres de la colonia, que se casaban muy jóvenes, generalmente antes de los veinticuatro años, no iban a los cafés. Se quedaban en sus casas, o iban a algunas tertulias familiares. No era bien visto que el casado acudiese de noche a un café; y sólo en circunstancias extraordinarias se excusaba el hacerlo. Fue apostadero de patriotas durante las invasiones inglesas, en los edificios de alto, a fin de vigilar a los británicos que se establecieron cerca del teatro de la Ranchería. Fue allí donde Martín de Alzaga, con sus arengas, logró poner orden a sus partidarios para que se unieran a los otros patriotas. Fue lugar de reunión de reunión de Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Vicente López y Planes, Bernardo de Monteagudo en vísperas de la Revolución de Mayo de 1810. Cuando Buenos Aires fue abrazada por la Fiebre Amarilla, se produjo la mudanza de los vecinos de la clase más adinerada (principales clientes del Café de Marco) hacia la zona norte. Esto hizo que disminuyera notablemente la concurrencia a sus salones determinando el cierre definitivo del establecimiento hacia 1871.El Café de Marco fue un café situado en Buenos Aires (Argentina), fundado en 1801, que funcionó hasta 1871. c) IGLESIA DE SAN IGNACIO. Bolívar 225. Su construcción data de principios del siglo XVIII, realizada por los jesuitas Juan Krauss, Andrés Blanqui, Juan Bautista Primoli y Juan Wölff. La fachada tiene elementos del barroco, la planta de cruz latina se completa con el interior de la época colonial que presenta singularidades como la doble altura de las naves laterales y el altar mayor del siglo XVII, esculpido en madera y “dorado a la hoja”. El campanario era el puesto del vigía para descubrir la presencia de piratas en el Río de la Plata. El reloj, de origen inglés, perteneció al Cabildo. Fue la primera iglesia construida con ladrillos y es la más antigua de la ciudad. d) LIBRERÍA DE AVILA. Alsina 500. Declarada Lugar Histórico en el 2011, esta antigua pulpería que luego se transformó en la antigua librería De Ávila, frente al templo de San Ignacio y el Colegio secular, siempre vinculada a la cultura del país. Cuenta con una oferta importante de libros antiguos y fuera de circulación en una amplia gama de temas, desde historia y antropología, hasta lingüística y literatura. En el subsuelo funciona el Almacén y Bar Literario, un espacio donde se realizan diversas actividades culturales. Algunos atribuyen el origen del nombre a que los pulperos (propietarios de estos establecimientos) eran verdaderos “pulpos”, (el mismísimo diccionario de la Real Academia Española reconocer este origen). Para otros, viene de “pulquería” o lugar donde se toma pulque, que es una bebida parecida al aguardiente. Tiene su origen en las primeras épocas de la colonia (En marzo de 1600 el cabildo porteño impuso a un pulpero una multa de 8 pesos por haberle vendido vino a indios y negros). e) CASA DE MARIA JOSEFA EZCURRA. Alsina 463 María Josefa Ezcurra fue cuñada de Juan Manuel de Rosas y en su casa fue, durante el gobierno de Rosas, un particular centro de reuniones. Construida alrededor de 1830, posee un patio principal y otro en el fondo, y María Josefa vivió allí hasta su muerte en 1856. Posteriormente, su planta baja se transformó en negocios. Las carpinterías de los locales existentes, datan de 1910. Es sede de Museo de la Ciudad. f) CAFÉ LA PUERTO RICO. Alsina 420 Se inauguró en 1887. La fachada, de granito negro, luce amplias vidrieras que permiten ver las ricas carpinterías de madera. Tiene 70 mesas y presenta espectáculos de tango. Es uno de los declarados Bares Notables de la Ciudad. Anécdota: La estrecha asociación entre despacho de bebidas, consumo excesivo de alcohol, inmoralidad, estereotipo alimentado por y desde el Estado y apoyado, más allá de las diferencias de objetivos por los dirigentes sindicales, tanto socialistas como anarquistas, freno el ingreso de las “mujeres decentes” “Pobre percanta que pasa su vida entre la farra, milonga y champán, que lleva enferma su almita perdida que cayó en garras de un torpe bacán y que en su pecho tan sólo se anida el triste goce que causa un gotán…” El café atrajo a todos los sectores sociales pero fue central para los trabajadores. Panaderos, herreros, canillitas, carpinteros y comerciantes fueron figuras recurrentes. Se frecuentaba el comercio más próximo al lugar de trabajo. A la salida se puede ingresar nuevamente en él, pero es corriente elegir otro café, el que está camino a la “casa”, tal vez muy cercano a ella, lo que no implica el de la esquina. g) ALTOS DE ELORRIAGA. Defensa y Alsina. Construida alrededor del año 1812, es la única casa de esa época existente en la ciudad, conserva sus carpinterías originales y el mirador desde donde se observaba el río. Originalmente llegaba hasta la casa que fue de María Josefa Ezcurra, sobre la calle Alsina. Sucesivas reformas alteraron parte del frente sobre la misma calle. Es una de las pocas esquinas que carecen de ochava. El edificio es sede del Museo de la Ciudad. La mayoría de las casas de clase media alta y alta estaban construidas con ladrillos encalados, tenían dos o tres patios interiores con funciones sociales específicas (patio de reuniones sociales, patio de las mujeres de la casa y patio de los esclavos), la cantidad de habitaciones era acorde al número de integrantes en la familia y algunas tenían aljibe. h) FARMACIA LA ESTRELLA. Defensa y Alsina. En la planta baja, se encuentra la Farmacia La Estrella, parte del Museo, la cual fue fundada en 1834, y conserva mobiliario y pinturas alegóricas realizados en el año 1900. La farmacia exhibe estanterías de nogal, cristales de Murano, mármoles de Carrara, mayólicas venecianas, marquesinas de hierro forjado y un fresco pintado en el cielorraso alegórico a la salud. Melville Sewell Bagley: En el año 1862 un inmigrante oriundo de Boston, llamado Melville Sewell Bagley (10 de Julio de 1838, Maine, Estados Unidos de Norteamérica – 14 de Julio de 1880, Buenos Aires, Argentina)2 recaló en Argentina. Comenzó a trabajar en la farmacia de “La Estrella”, que aún hoy existe, en la porteña esquina de Defensa y Alsina. Allí, entre alambiques, tubos de ensayo, fórmulas ingeniosas, y utilizando las naranjas de una vieja quinta ubicada en Bernal, crea una bebida de la que pronto hablará todo Buenos Aires. Fue inhumado en el Cementerio Británico de Buenos Aires_ Campaña publicitaria novedosa Al vislumbrar el potencial de su bebida, Melville comienza a planificar una campaña publicitaria muy original y vanguardista para la época:3 un día como cualquiera los porteños comenzaron a ver las calles pintadas con enormes letreros con la palabra “Hesperidina” y nada más. La curiosidad invadió a gran parte de los 140.000 habitantes que en ese momento tenía Buenos Aires. Durante más de dos meses, nadie podía descifrar su significado hasta que tiempo después, un 24 de diciembre de 1864, se devela la incógnita en “La Tribuna”, uno de los periódicos más importantes del país: El mejor y más original aperitivo del mundo nacía en la Argentina y ya se podía comprar. Intriga primero, develación después: el lanzamiento fue un auténtico suceso. Tal fue el éxito que inmediatamente comenzaron a aparecer las falsificaciones o imitaciones de dudoso origen. Melville actuó rápidamente, convenciendo al Presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, de la necesidad de crear un registro de marcas y patentes. En 1876 el registro fue creado, y en su honor Hesperidina fue la marca número uno en registrarse en Argentina. Poco tiempo después, para ajustar aún más los niveles de control “anti-piratería”, Melville decide imprimir las etiquetas de Hesperidina en la Bank Note Company de New York. En apenas unos pocos meses Hesperidina se convierte en el aperitivo “de moda” gracias a su sabor original y a la calidad de sus ingredientes y elaboración, e incluso es aceptada socialmente para el consumo de las mujeres en espacios públicos. Tónico de guerra: Hesperidina también estuvo presente en la Guerra de la Triple Alianza (1864–1870), más precisamente en las tiendas de campaña para “revitalizar a los heridos”, gracias a sus propiedades terapéuticas que contrarrestaban problemas estomacales originados principalmente por la poca potabilidad del agua. De los hospitales se trasladó rápidamente al campo de batalla para mejorar cualquier dolencia entre la tropa. Propiedades medicinales: La Hesperidina desde sus comienzos fue considerada incluso un tónico debido a sus propiedades medicinales aportadas por las naranjas. De hecho su principal componente es la sustancia “hesperidina”, un flavonoide que se encuentra en los cítricos5 y que produce efectos antioxidantes, altamente beneficiosos para las funciones digestiva y circulatoria. Desde los años 90’ y hasta el día de hoy se han encontrado diversos y altamente efectivos usos terapéuticos para la Hesperidina. Entre ellos es efectiva para las úlceras varicosas, hemorroides, várices, hipertensión, reducción del colesterol, disminución de dolores, artritis reumatoidea, etc. i) MUSEO DE LA CIUDAD. Alsina 412. El Museo atesora el valioso patrimonio que es la memoria de la ciudad a través de los documentos, fotografías y elementos relacionados con la vida y costumbres porteñas. Sus salas se renuevan por completo cada dos meses. j) Basílica y CONVENTO DE SAN FRANCISCO – CAPILLA SAN ROQUE. Alsina y Defensa. Su construcción y posterior inauguración data de mediados del siglo XVIII, bajo la dirección del arquitecto jesuita Bianchi. En el año 1911, se efectuó un tratamiento diferente en el interior, cambiando los altares; sólo es original el del crucero derecho. Son del siglo XVIII, el púlpito y la mayoría de las imágenes. La actual fachada es también de 1911, según proyecto del arquitecto Sackmann, coronándola se ven a San Francisco de Asís, Giotto, Dante Alighieri y Cristóbal Colón. Detrás del altar mayor se puede ver un tapiz del siglo XX, realizado por Horacio Butler e inaugurado en 1972. La Capilla de San Roque se inauguró en 1756, fue restaurada luego del incendio en 1955, siendo sus imágenes del siglo XVIII con la excepción de unas pocas del siglo XIX. Recordamos que San Roque, es el santo patrono de las pestes y enfermedades, por lo tanto era unos de los santos que más fieles convocaba en la época de la colonia. La capilla se abre todos los 16, cuando se celebra la fiesta patronal. Enfrente se encuentra la plazoleta de San Francisco, la cual se proyectó por la necesidad de extender el atrio de la iglesia, debido a la gran cantidad que fieles que asistían a sus servicios. k) CALLE DEFENSA: Mayor (1738-1769), De San Martín (1769-1808), Liniers (1808-1822), Reconquista (1822- 1849), Defensa (1849-al presente). La calle nace en su intersección con la calle Hipólito Yrigoyen, en el borde sur de la Plaza de Mayo. Por ella avanzaron las tropas británicas en 1807, durante la segunda invasión inglesa. l) PLAZA DE MAYO. En este lugar se fundó la ciudad de Buenos Aires en 1580 y su fundador fue el vasco Juan de Garay. Con el plano urbanístico español da vida a la Plaza Mayor también al fuerte, a la Iglesia Mayor y al Cabildo. Las construcciones eran precarias: de barro y paja. La Plaza de Mayo estaba compuesta por dos plazas y en su centro se erigia la Recova, cuya función era de mercado; fue demolida por Torcuato de Alvear al hacer las reformas en la ciudad (1884), La Pirámide de Mayo fue idea del pintor y arquitecto Prilidiano Pueyrredón. Esta Pirámide se va a construir sobre la original realizada en adobe por Francisco Cañete en 1856. En la parte superior hay una figura femenina que representa a la República. m) CASA DE GOBIERNO. Solar destinado por Garay para el Fuerte que defendía a la ciudad del ataque de los indios. En 1585 se inicia la construcción. El Fuerte contaba con: casa del gobernador, el cuartel y la capilla. La primera parte que se construye es el ala sur, destinada a correos. En el primer gobierno de Roca se construye el ala norte, destinado para la casa de gobierno, en el segundo gobierno de Roca, se hace el arco central que une los dos edificios. Con respecto al color hay varias teorías: 1)Sarmiento le quería dar una característica particular como la Casa Blanca de Washington; 2) Función de los colores de las dos fracciones partidarias de ese momento; 3) Pintura realizada con la mezcla de la cal con la sangre de los animales, le daba este color rosado y además impermeabiliza las paredes; esta teoría es la más coherente. Anécdotas: • Bebidas: El agua y el vino fueron las más popularizadas. La primera era de mala calidad, por provenir del río o de las napas subterráneas, o sea, no ser química o higiénicamente apta para el consumo humano. A pesar de ello, toda la población la usó en mayor o menor medida, especialmente en el mate, que fue la bebida popular por antonomasia, ya que era de rigor ofrecer mate a las visitas, a los viajeros, a los niños y a los mayores, sin importar la hora, antes y después de las comidas. Las variantes que registró su consumo fueron en primer lugar, dulce o amargo. El primero se lograba con azúcar o edulcorante miel; con cáscaras de limón, naranja y alguna otra fruta. También se acostumbró agregarle una pequeña porción de café. Le siguió la leche, consumida sola, en el mate, con el café o con chocolate y muy poco en el té. Otras bebidas fueron la horchata y el sorbete. Este último se hacía en base a frutas como limón, ananá, naranja y algunas otras, disponibles en las épocas de cosecha. En su libro, Historias del comer y del beber en Buenos Aires, el arqueólogo urbano Daniel Schávelzon documenta de qué manera en el Virreinato del Río de la Plata colonial la cocina, los modales, la vajilla y los modos de comer se entrecruzaban con las auto-definiciones culturales y la división en clases y razas de una región pobre, orgullosa, globalizada, ecléctica e hipersensible como lo era la Argentina de aquella época. Los habitantes del Buenos Aires de aquel tiempo llevaban una vida reposada y sencilla. Sólo estaba alterada por las fiestas que se realizaban para celebrar el día del Santo patrono, la llegada de un funcionario real, el cumpleaños del rey, etc. Entonces se hacían procesiones y desfiles, donde intervenían los miembros del cabildo y otros funcionarios. Como había pocos espectáculos públicos, las familias ricas acostumbraban a reunirse en las casas, en amenas tertulias donde solían concurrir sus conocidos. Allí se charlaba, se escuchaba música de guitarra o piano, se bailaba. También se leían y comentaban poesías y novelas que estaban de modo en Europa y que los viajeros traían novedades, en donde se servía a los invitados el clásico mate, y ocasionalmente, chocolate y golosinas caseras. En la zona rural, en cambio, la vida social se concentraba en las pulperías. Allí se adquirían todos los artículos de uso común. Pero además, se charlaba y se jugaba a los naipes. A veces también había bailes populares con la música y la danza propia de nuestros paisanos. La gente se reunía en torno a payadores que improvisaban versos y hacían relatos interesantes. En las casas de familia adinerada la comida solía ser abundante y variada. Algunos ingleses que estuvieron en Buenos Aires durante la primera invasión relatan que asistieron a un almuerzo donde le sirvieron veinticuatro platos distintos. Entre éstos figuraban sopas, pavos y patos, churrascos de carne vacuna con mucho azafrán, pescados, pasteles y otros. La gente de campo debía hacer, necesariamente, una comida más sencilla. La pulpería, o casa de negocio del antiguo campo, vendía todas aquellas cosas que los pobladores necesitaban: telas, comestibles, remedios, ropas, artículos de talabartería y los “vicios”: tabaco, papel para armar cigarrillos, yerba, etc. Allí se reunían a beber y a conversar los gauchos de los alrededores y los forasteros que iban de viaje; el pulpero los atendía desde atrás de una reja de hierro o madera, reja que le servía de protección contra los borrachos pendencieros y los asaltantes, de temer en esas soledades. En las pulperías había siempre una o dos guitarras, para que lucieran sus habilidades los cantores; a veces se originaban amenas payadas; allí se daban y se recibían toda clase de noticias, se jugaba a los naipes, bochas, dados y taba; se realizaban riñas de gallos y se concertaban y corrían carreras de caballos. En estos negocios, a veces, también se vendía carne para el consumo de los pobladores, los que, a su vez, vendían al pulpero cueros de vacunos, de gamas, tigres y zorros, así como la pluma de los avestruces que el gaucho cazaba con la ayuda de las famosas boleadoras. • Vida Cotidiana en Buenos Aires, Andrés Carretero (pág. 63): El Vino: Las dificultades con el agua potable hizo que la población manifestara cierta inclinación al consumo del vino y la cerveza, nacionales e importadas. Los inventarios de las pulperías o almacenes muestran las existencias de vino, aguardiente y de otras bebidas alcohólicas. Entre estas últimas el preferido por el gusto popular fue el aguardiente puro o diluido. Su origen era nacional (Cuyo) o chileno y con posterioridad, europeo. Le seguía el aguardiente producía de la caña de azúcar. Los vinos cuyanos fueron competencia seria para varios europeos, e incluso los desplazaron en el consumo, aunque tuvieron que competir con los chilenos. Con la llegada de los ingleses se popularizó, dentro de ciertos sectores, el consumo de algunas bebidas históricas de ese origen. El estudio sobre casas dedicadas a la venta de bebidas permite estimar que el consumo de vino, para la primera década del siglo pasado superaba ligeramente los 200 cm3 por día mientras el aguardiente llegaba a los 100 cm3, que es un nivel muy alto. En los años previos a Caseros se conocieron en Buenos Aires, la ginebra de marca Aniceto EL Gallo y luego la Hesperidina, que se popularizó tanto que llegó a ser una bebida de venta diaria en las Pulperías y de consumo cotidiano femenino al finalizar los almuerzos o las cenas. A esta última hay que agregar la cachaça del Brasil, que ingresaba por vía ilegal, para eludir los aforos y así abaratar los costos. En las mesas de las familias pudientes tanto el agua como el vino se servían en jarros, escanciando las cantidades en vasos, que muchas veces eran usados por dos o tres comensales a la vez, pues no todas las familias tenían los utensilios de mesa imprescindibles. Las bebidas alcohólicas se servían directamente desde las botellas originales. La calidad de los utensilios de mesa estaba determinada por el nivel económico de cada sector. Así, las llamadas familias de pro, servían el agua en jarras de plata; las de menor nivel, en envases de peltre, y las pobres, en recipiente de barro. Formaba parte del folklore médico proveer a las parturientas de vino y carne de gallina para ayudarlas a soportar el desgaste físico del parto y provocar abundancia de leche para alimentar a los bebés. Las bebidas alcohólicas siempre fueron consideradas por la civilización hispana como un vicio del ser humano, y en América, se complementaba con el vicio de fumar aprendido de los aborígenes. Clío Buenos Aires Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado. Gandía, Enrique – Orígenes desconocidos del 25 de mayo de 1910 – Buenos Aires (1960). Giusti, Juan Carlos – La vida de nuestro pueblo – Los cafés – Buenos Aires (1982). Vidal Buzzi, Fernando – Aquellos buenos viejos tiempos, Buenos Aires (1999). www.revisionistas.com.ar Historias del comer y del beber en Buenos Aires, el arqueólogo urbano Daniel Schávelzon Vida Cotidiana en Buenos Aires, Andrés Carretero (pág. 63)]]>

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