Profesora de animadores de TV

Cuando Alicia Dolinsky les pregunta a sus alumnos, ellos se sorprenden. Eso no es todo, sino que el interrogatorio continúa con un qué comés y hasta qué problemas emocionales o afectivos te aquejan. El desconcierto aumenta. ¿Pero esto no es un entrenamiento para conductores de tevé? “Siempre hago un pequeño test en la primera entrevista. Porque a los que les gusta bailar les va a resultar más fácil. También todo lo demás, sus costumbres, lo que prefieren y lo que no, porque todo eso se va a transmitir, eso que somos o que creemos que somos se va a ver en pantalla”, dice esta santafesina de 65 años que reside en Buenos Aires desde 1980 y que hace tiempo despunta una inusual especialidad: el perfeccionamiento del trabajo de conducción televisiva (www.conductoresdetv.com.ar).“Tengo experiencia en todos los medios. Soy actriz, hice teatro, cine (La historia oficial, Asesinato en el Senado de la Nación y La película del rey), televisión y radio. Pero me dediqué más a la docencia, hace ya unos 30 años. Observé que faltaba algo específico para quienes estaban delante de las cámaras como conductores. En general, se trataba de gente formada en la práctica, que había llegado desde la radio o los medios gráficos. Por otro lado, los más jóvenes en las escuelas de periodismo o en las universidades tienen muy poca experiencia televisiva porque montar un estudio, grabar, editar y analizar ese material es muy caro”, dice Dolinsky, quien trata de cubrir esos baches con seminarios intensivos para afrontar los castings con más soltura. “En los 90, viajé a los Estados Unidos para ver cómo trabajaban estas cosas. Estuve en los estudios de televisión de la cadena NBC e hice un workshop en el Actor’s Studio (la legendaria institución creada por Lee Strasberg). Y descubrí que los conductores de noticieros y magazines sí tenían un entrenamiento. Se trabaja con mucha preproducción, con guiones, con telepronter (el aparato que refleja el texto con las noticias que lee el conductor mirando a cámara) y con una entrega incondicional: el conductor es la imagen del programa y del canal. Acá –compara– hay más improvisación, ‘andá y cubrí’ sin que te expliquen de qué se trata y como todo es para ayer, hay que arreglársela.” –¿Existe un estilo propio en la tevé local? –En nuestra televisión hay algo propio surgido del ensayo y error, de lo que funciona y entonces se vuelve a hacer y así se va transmitiendo. Pero no hay autocrítica en la tele, lo que funciona y vende, sigue. Por su lado, el cable abrió muchas posibilidades con la segmentación de intereses. Pero si bien se dieron muchos avances tecnológicos, los contenidos y las formas de la televisión cambiaron muy poco: persiste la venta de productos y la información noticiosa, la guerra en sentido metafórico, sangre, sudor y lágrimas. Después, de la mano de humoristas, comediantes y conductores que llevaron a la tele algo del mundo del music hall y la picaresca, se sumó el entretenimiento. –¿Qué hay que enseñar a un futuro conductor de tevé? –A perder el miedo. Porque el que sale ante las cámaras, en el piso o en móviles, está muy expuesto a la mirada de sus jefes, de sus compañeros y colegas, del medio donde trabaja que mide su efectividad. Por otra parte, carga con mucha estimulación auditiva y visual: la famosa “cucaracha” que constantemente le sopla lo que tiene que hacer desde la cabina de producción. “Estirá, estirá” es un horror para los conductores que tienen que improvisar. –¿Hay personalidades a las que les resulta más fácil? –Claro, son los que se paran ante cámaras a ver qué les sale y confían en ir aprendiendo de la experiencia. Como Alejandro Fantino, por ejemplo. Pero hay personas que tienen mucho miedo, se inhiben, tienen comportamientos extraños, miran hacia arriba como si buscaran las palabras en su cerebro. Hay que imaginar la mirada del otro, que no es lo mismo que mirar a la cámara. Yo utilizo técnicas de actuación y las del chikung (llamado yoga chino) para trabajar la energía; también masajes descontracturantes y de relajación porque por la computadora todos los periodistas están contracturados y eso afecta la postura. Una persona con dolor transmite esa tensión. –¿Qué otros errores son comunes? –No hay que corregirse en cámara, es una pérdida de tiempo, hay que seguir. Otro tema es que muchos conductores gritan. Acostumbrados a los móviles en exteriores donde están expuestos al volumen sonoro ambiental (canchas de fútbol, movilizaciones, tránsito), es común que desarrollen problemas en la garganta, en las cuerdas vocales. A nivel contenidos, veo mucha repetición. –¿Cómo surge un estilo propio? –Cuando la personalidad es muy fuerte y desborda la propia entraña del programa donde está trabajando. Yo estimulo que cada uno sea fiel a su personalidad –salvo el tímido al que tengo que enseñar a soltarse– porque eso lo va a distinguir de otros. Te doy un caso emblemático: Mariano Closs. Le pregunté por qué estiraba tanto las vocales finales, esa forma que tiene de relatar el fútbol y de hablar. Y me dijo que por esa forma de ser particular le pagaban mucho y lo valoraban. De cada alumno,aprendo mucho. Cada conductor trae dentro de sí un estilo que irá desarrollando con el tiempo en la medida en que se anime a mostrarse tal cual es y de jugar con eso. Por supuesto, estoy hablando más que nada de los magazines, porque los noticieros son más rígidos. Rolando Graña hizo un curso conmigo porque quería sacarse la “percha” de CNN. Pero siempre habrá un estilo particular aun para contar las noticias. Debo decir que los conductores de cable son más responsables y más conscientes que los de aire, donde no hay recapacitación. –¿La televisión vuelve loca a sus integrantes? –Es que te metés en la casa de la gente y eso produce un ataque al ego. Por eso van a terapia, consultan brujas y, yo lo recomiendo, hacen algún trabajo de elongación. Hay mucha exigencia adentro y afuera. Si el adentro del conductor está bien, no hay problema. Por algo Pergolini se fue. Él es un animal de radio y la televisión lo debe haber cansado; te come el cerebro. –Hablemos de lo que hay, empezando por Marcelo Tinelli. –A mí no me gustan los contenidos de su programa. Pero es asombroso cómo maneja su cuerpo, cualquier cosa que hace provoca un efecto hipnótico en la gente, eso no se puede transferir ni enseñar, es de él. Beto Casella también es así, más reflexivo, pero también trae ese carisma propio. Otro ejemplo de este tipo es Roberto Pettinato, que viene de la música, es decir, son personajes que traen mundos propios que los enriquecen ante las cámaras, los hacen atractivos. Ellos tienen el don de qué me importa, que está instalado en la televisión, el yo soy así y por eso la gente me quiere. Como Susana Giménez y Mirtha Legrand que, hay que reconocer, evolucionaron, el paso del tiempo las benefició en su rol de animadoras, más sueltas, más desenfadadas. –Movileros. –Tienen que ser rápidos, con muchos reflejos, tener un look que los destaque, muy inteligentes y preguntar de la manera menos obvia posible porque de por sí las preguntas son obvias en la tele, ¿no? Los noteros de CQC, en ese sentido, inauguraron un estilo, eran brillantes, abordaban la realidad sin preconceptos. –Jorge Lanata. –Fiel a su peso y a su adicción al cigarrillo. Lo impuso por prepotencia de trabajo como habría hecho Arlt si hubiera hecho tele. –Víctor Hugo Morales. –Defendió su rigidez con la alta formación y así compensó. Debe ser uno de los periodistas más cultos que tenemos. Porque la televisión produce repetidores, gente que se va desnutriendo. –Maju Lozano. –Excelente. En el género que trabaja, claro. En un programa de entretenimiento, tenés que sacar toda la frescura y espontaneidad que tengas; si eso te sale, genial, y si no, la televisión te expulsa: “no vende”, “no es efectiva”, se dice, y es tremendo porque a lo mejor esa persona puede ser excelente para otro tipo de programa o para la radio. No todos son para este medio. web info: www.conductoresdetv.com.ar]]>

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