Un día en la vida de Pocha de Palermo: 50 años de historias en su peluquería
Por María Mañe
Introducción
Pocha de Palermo es una leyenda viviente en el barrio de Palermo. Con 50 años de actividad en su peluquería, ha visto pasar modas, estilos y generaciones enteras. Hoy, nos recibe en su acogedor local para contarnos sobre su vida, los peinados que marcaron época, y las anécdotas más divertidas y conmovedoras de su carrera.
Entrevista
María Mañe (MM): Pocha, cuéntanos, ¿cómo fueron tus comienzos en la peluquería?
Pocha de Palermo (PP): Empecé a trabajar en la peluquería cuando tenía 17 años. En aquellos tiempos, los peinados eran todo un arte. Los postizos y los ruleros eran fundamentales para lograr el volumen que se buscaba, y las permanentes eran muy populares.
MM: ¿Cómo han cambiado los estilos de peinados a lo largo de los años?
PP: ¡Muchísimo! En los años 70, el volumen era todo. Después, en los 80, los peinados se volvieron más extravagantes y coloridos. Hoy en día, la gente busca más naturalidad y comodidad, aunque siempre hay quienes quieren destacar con algo único.
MM: ¿Tienes alguna anécdota divertida con alguna clienta?
PP: Sí, claro. Una vez, una clienta vino corriendo porque se había teñido el pelo en casa y le quedó verde. Estaba desesperada. Le dije que no se preocupara, que todo tenía solución. Al final, salió con un color hermoso, y cada vez que la veo nos reímos de aquella vez.
MM: ¿Alguna historia de amor en tu peluquería?
PP: Sí, tuve una clienta que siempre venía a la peluquería para hablar de su novio. Era una historia de amor de novela. Un día, decidió que quería un cambio radical para sorprenderlo: de pelo largo pasó a un corto pixie. Fue un éxito, ¡se casaron al año siguiente!
MM: ¿Te ha pasado alguna vez que una clienta no tuviera para pagar?
PP: Sí, una vez vino una señora mayor, muy elegante, pero se notaba que no estaba en su mejor momento económico. Me dijo que no tenía dinero para pagar, pero que quería verse bien para una ocasión especial. Le dije que no se preocupara y que el día que pudiera me pagara. Dos meses después, volvió con una gran sonrisa y me trajo una torta casera como agradecimiento. A veces, esos gestos valen más que el dinero.
MM: Hablemos de tus clientas y sus estilos. ¿Qué me puedes decir de las chicas con flequillo rolinga?
PP: Las chicas con flequillo siempre tienen un estilo especial. Recuerdo una que venía cada semana para mantenerlo perfecto. Decía que era su sello personal, y la verdad es que le quedaba fabuloso.
MM: ¿Y qué tal las clientas con pelo largo?
PP: Las mujeres con pelo largo son muy dedicadas a su cabello. Una clienta en particular tenía una melena impresionante, y siempre decía que su cabello era su corona. Pasábamos horas en tratamientos y cortes para mantenerlo saludable.
MM: ¿Y las de cabello rizado?
PP: Las clientas con rulos tienen su propio encanto. Una de ellas siempre venía con historias divertidas sobre cómo sus rizos se volvían locos con la humedad. Era un desafío, pero logramos encontrar los productos perfectos para mantener sus rizos definidos y hermosos.
MM: ¿Cómo te sientes al mirar hacia atrás y ver todo lo que has vivido en estos 50 años?
PP: Me siento muy orgullosa y agradecida. He vivido tantas historias y conocido a tantas personas maravillosas. La peluquería es más que un trabajo, es un lugar donde la gente viene a sentirse bien, a compartir sus vidas. Y eso, para mí, no tiene precio.
