Los viajeros y sus fetiches

Objetos imprescindibles a la hora de dejar el hogar, pero no siempre necesarios para que la travesía sea exitosa. Cuáles son esas cosas del mundo privado que uno es capaz de llevar en su valija hasta la otra punta del mundo.

“Cuando uno se va de viaje busca tener parte de su mundo privado y cotidiano consigo”, señala Soledad Pisani, fundadora de Bai Bags, creadora de bolsos, mochilas y bolsos de mano para viajes. “Lo importante es que los fetiches no impidan llevar en la valija todo lo que se necesita”, agrega. Y recomienda: “Si alguno de estos objetos tiene valor afectivo, nunca debe despacharse en un avión, siempre van en la cabina”.

Llevar fetiches que nos recuerden a los seres queridos, que nos remitan a nuestras rutinas cotidianas o que nos acerquen un poco a nuestro hogar es una costumbre de los seres humanos que aparece ya en los primeros días de vida. Belén Llauradó, de Tata y Toto, creadora de accesorios para bebés y niños, explica que cuando los más chiquitos salen de su ambiente natural pueden sentirse perdidos y extrañar. “Llevar una manta, un muñeco, un juguete o algo que use habitualmente, sea para jugar o para dormir, hará que se sientan seguros y que el viaje sea una linda experiencia”, explica.

Conforme se llega a la edad adulta, puede alcanzar el punto de la obsesión, como ocurre en estos momentos con los dispositivos tecnológicos. María Orse, de El Aura Logde, un complejo de cabañas y glamping ubicado en el Parque Nacional Los Alerces, cuenta que sus clientes se desesperan por los teléfonos celulares. “Nuestra propuesta es silencio y naturaleza, con poca pantalla, así que no hay señal de celular, cosa que resulta muy difícil para muchos”.

Los fetiches pueden alcanzar diversos límites. “Hay quienes prefieren llevarse sus viandas porque les parece práctico y están acostumbrados a un tipo de comida determinado o necesitan algún tipo de dieta en especial”, cuenta Andrea Jatar, creadora de Viandas de la Olla, que vende comidas caseras listas para ser servidas, cocinadas preferentemente con ingredientes naturales o de pastura. La experta recomienda que esto ocurra sólo cuando se viaja en auto y que siempre se lleve la comida bien refrigerada.

Querido diario

Uno de los fetiches más comunes que se encuentran entre los viajeros son libretas o cuadernos. “Me ayuda a plasmar todas las vivencias, anotar detalles que de otro modo se perderán con el tiempo”, cuenta José de la Serna, fundador de Sopapo a la Reina, empresa que vende productos creativos inspirados en la obra de artistas.

“Cuando la mente viaja es cuando más ideas creativas aparecen”, afirma María Eugenia Gonzalo, del estudio creativo Volando Bajito, que tampoco se separa de su cuaderno.

“Me sirve también para anotar ideas, que surgen en cantidades en esos momentos de distensión”, coincide la diseñadora gráfica Daniela Gianotti, fundadora de Tienda Chinche, que vende muñecos pensados como “compañeros de aventuras” para los niños. Gianotti también lleva una cámara réflex analógica que le regaló su marido para un cumpleaños. “La mayoría piensa que el rollo es una limitación, pero es una oportunidad y un desafío: hay que pensar cada foto, tomarse un tiempo para sacarla y, lo que más disfruto, hay que esperar a revelarlas para verlas… las espero como un chico a Papá Noel”, cuenta.

La cámara de fotos es, precisamente, otro de los fetiches. “Además de registrar todo a mi alrededor, intento encontrar la imagen detrás de la imagen, detalles que otros pasan por arriba”, señala María Martha Pizzi, de Con Sabor a Hogar, que ofrece asesoramiento integral y personalizado para la ejecución de espacios verdes y objetos especialmente decorados.

Otra situación común es la de las rutinas deportivas. “No me gusta abandonar la rutina de nadar, por lo que aprovecho cualquier pileta o espacio de agua que me permita mantenerme en movimiento y en contacto con el agua”, dice Laura Rey, creadora de Glitter, dedicada al diseño, la fabricación y el ensamblado de objetos de iluminación, a la hora de explicar por qué siempre lleva consigo sus antiparras. “Soy amante de la natación y compito en ese deporte y en waterpolo”, coincide el doctor Martín Prío (matrícula 68658), titular del centro láser y de estética integral Prío Estética, que tampoco sale de viaje sin sus antiparras. “En la parte del mundo que sea hay una piscina olímpica para entrenar y conocer”, agrega.

De lo práctico a lo afectivo

Puede tratarse de objetos meramente prácticos, como un lector digital Kindle. “Es fundamental para que mi viaje esté completo y lo llevo aún cuando no sé a ciencia cierta si voy a poder abrirlo”, afirma Graciela Roveta, propietaria de Süss Cupcakes Café, un tradicional espacio ubicado en Martínez.

En esa línea práctica, Ighal Duek, gerente general de la empresa de servicios logísticos eTrans, tiene como objeto infaltable una balanza de mano para equipaje. “Me pasó tener que repartir el peso de las valijas ya en el aeropuerto, en el momento del check-in, y sufrir las miradas de los pasajeros que están esperando detrás”, confiesa.

Edgardo López, gerente comercial de Lauda Textil, fabricante de la marca Stylo, asegura que las medias de compresión no llegan a fetiche, pero sí son un tema a resolver. “En viajes largos uno termina quitándose el calzado y allí las medias juegan un papel fundamental desde el punto de vista estético”. Además, asegura, en gente muy viajada se nota el uso de estas medias “que reemplazan de alguna manera la circulación perdida por el sedentarismo ocasionado por el vuelo”.

También puede tratarse de elementos afectivos: Ariadna Faerstein, de la escuela de danza Foco, lleva siempre una cajita de lata y, en el interior, un muñequito miniatura de Disney de plástico. “El muñeco fue u regalo de mi mamá luego de mi primer trabajo como bailarina profesional, justo para Disney, y me recuerda a mi familia; la lata tiene el tamaño ideal para poner adentro dinero, tarjetas de crédito y documentos”.

Los fetiches nos aportan un contacto con lo cotidiano que ayuda a disfrutar más del viaje. Siempre y cuando por haber puesto en el bolso de mano los siete osos de peluche, el cuadro con la foto del casamiento y la manta con la que fuimos por primera vez de campamento no hayamos olvidado de colocar los pasaportes.

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