Ser mamá y trabajar fuera de casa, ¿cómo ganarle a la culpa?

Como psicóloga infanto-juvenil, creo fundamental destacar y aclarar que cuando trabajamos con niños, también trabajamos con los padres, orientándolos sobre distintas pautas en relación a la crianza. Diferenciamos aquellas conductas evolutivamente esperables para cada etapa evolutiva, de aquellas que no. A la vez, orientamos frente a la presencia de sintomatología en el comportamiento de los niños y sus familias, detectando aquellos indicadores de alerta de la conducta infantil.

Tiempo: ¿cantidad o calidad?
En las consultas, muchas madres preguntan qué es preferible si la calidad o la cantidad de tiempo que pasan junto a sus hijos. Pasar tiempo junto a los hijos, es fundamental. Me parece que los niños necesitan un equilibrio entre calidad y tiempo, necesitan de ambos. No alcanza simplemente con estar presente físicamente largas horas. Lo importante es que se encuentren psicológica y emocionalmente disponibles. Atentos a las necesidades de sus hijos para poder decodificarlas adecuadamente. Es decir, es fundamental la calidad, al menos poco tiempo, pero varias veces al día (sobre todo para los más chiquitos).

Con ello no quiero decir que los padres deben necesariamente renunciar a todas sus actividades, al contrario, deben ser capaces de realizar ajustes en su rutina diaria para poder disfrutar tiempo con sus hijos. Para poder brindarle a los hijos tiempo en calidad y cantidad creo que es fundamental crear hábitos, acostumbrarse paulatinamente a crear momentos a lo largo del día, no necesariamente tienen que ser de largas horas, pueden ser ratos cortos por ejemplo: durante el desayuno, a la tarde/noche al regresar de trabajar.

Por otro lado, en función de la edad cronológica y del momento evolutivo, los niños dependen en mayor o en menor medida de sus padres. Por ejemplo, al nacer y durante los primeros meses, depende total y absolutamente de la provisión física, psíquica y emocional de sus padres. Necesitan de ellos para sobrevivir (en todo momento y al 100%). Ellos representan el sostén físico y emocional. Por eso mismo, es fundamental que la madre se encuentre acompañada y se sienta comprendida para que pueda sostener, cuidar y atender adecuadamente a su bebé.

Desde el nacimiento, los niños comienzan a imitar a sus padres, luego esa imitación se va transformando en “identificación”, es decir toman aspectos y características de sus padres y las hacen suyas.

Los vínculos humanos se construyen en presencia, estando en los pequeños detalles y en la diaria del niño. En el día a día. Es importante que los niños sepan que cuentan con sus padres, que si algo les sucede ellos están ahí para escucharlos, para enseñarles, para protegerlos.

Considero que durante esos momentos es importante escuchar a los hijos, mirarlos a los ojos, estar disponibles para ellos, generando una verdadera conexión, disfrutando de la relación. Para ello es fundamental elegir momentos oportunos y favorables tanto para el adulto como para el niño.

La culpa de trabajar fuera de casa
Otra pregunta que suelo escuchar en las consultas es en relación a cómo puede una madre que trabaja superar las culpas de dejar a su hijo solo. Antes que nada, es fundamental asumir la responsabilidad de las decisiones que se toman. Si la madre decide trabajar porque lo necesita, y dicha situación le genera cierta sensación de culpa, trabajar sobre ella, elaborarla para que no interfiera en el vínculo con el niño.

Es verdad que los tiempos han cambiado. Que existe un nuevo modelo familiar, en el cual ambos padres trabajan y se ocupan de la casa y de los hijos. Claro está, que por razones laborales, muchas madres están cada vez más horas fuera de la casa, dejando a sus hijos al cuidado de otras personas. Los tiempos son cada vez más cortos y las agendas cada vez se encuentran más sobrecargadas repletas de exigencias y compromisos. Con ello no me refiero solamente a las agendas de los padres, sino también a la de los chicos, ya que las actividades extra curriculares han aumentado enormemente.

Los chicos “ya no se aburren”, siempre tienen que estar conectados o entretenidos con alguna actividad extra curricular. De hecho, al estar aburridos, pueden crear juegos. Usar su creatividad y desplegar sus recursos y habilidades. Debemos darle el espacio para que puedan explorar el mundo, aprender y divertirse. La etapa de la infancia, es la etapa para que los chicos jueguen y aprendan a vincularse con otro.

Por ello, considero que lo importante es intentar elegir momentos adecuados, oportunos, y hacerlo libremente con el fin de disfrutar ese espacio único e irrepetible con el niño, desarrollando un vínculo profundo, pero no a partir de sentimientos de culpa por no estado en casa.

Además, cabe aclarar, una madre que se siente culpable, suele equivocarse a la hora de educar y poner límites, por ejemplo siendo excesivamente permisiva en algunos aspectos con el objetivo de suplir su ausencia. Es fundamental estar emocionalmente presente, cerca de los hijos, valorando cada momento, cada aprendizaje, cada logro, escuchándolos atentamente. Es decir, acompañarlos en su crecimiento ya que no olvidemos que cada etapa evolutiva es impostergable e irrepetible.

A la vez, creo que lo primordial es registrar ese sentimiento de culpa. Las madres deben resolver en su interior la culpa que les genera el tener que trabajar, intentar elaborar ese sentimiento para que no se interponga en el vínculo con sus hijos. Muchos padres al sentirse culpables por no estar con sus hijos el tiempo que desearían se relacionan con ellos a partir de la culpa. Con ello me refiero a que con tal de agradar y suplir los períodos de ausencia muchas veces los padres no establecen pautas o límites claros. A todo lo que sus hijos desean les dicen que sí, para que no se enojen. No olvidemos, que limitar significa ordenar, marcar espacios y tiempos, diferenciar el mundo infantil del adulto. Aclaro esto ya que la falta de límites genera desorden, desorganización y caos a nivel mental. Los límites, en líneas generales deben ser adecuados a la etapa evolutiva, pensados y consensuados por ambos padres, coherentes y firmes.

¿Y si me quedo todo el día en casa?
Por otro lado, cuando las madres concurren al consultorio y me preguntan hasta qué edad es recomendable permanecer todo el día en casa con el hijo destaco la importancia de que ellas mismas también tengan sus propios espacios y tiempos. Un equilibrio entre ambos.

Si se pudiera elegir durante el primer año de vida del niño, la presencia de la madre es fundamental. Los bebés necesitan a su principal figura de apego, y no es lo mismo ella que una niñera o una abuela. Durante el segundo año, el niño puede comprender un poco más y tolerar que su madre se ausente algunas horas durante el día, quedándose con alguien conocido (por ejemplo: su abuela).

Es fundamental que los padres vayan alargando paulatinamente los períodos de separación, es decir que no sea algo abrupto. Una vez que lo hacen intentar tomarse el tiempo necesario para la adaptación. A la vez, estar emocionalmente presentes antes y después del período de ausencia.

A partir de los tres años aproximadamente es el momento en el cuál los niños ya pueden pensar y luego evocar a su mamá cuando se encuentran lejos. Confían en que su madre va a volver ya que tuvieron experiencias gratificantes. Es decir, entienden que su madre se encuentra en otro lugar, pero que volverá con ellos. También se encuentran listos para comenzar el jardín de infantes.

En la práctica clínica diaria, suelo escuchar el deseo o la necesidad de los padres por “ser perfectos” y el temor a equivocarse o a no ser buenos padres. Considero que no existe “la crianza perfecta”, ni los “padres perfectos”, ya que se aprende a ser padre cuando uno tiene un hijo, día tras día, atendiendo sus necesidades y acompañándolos en su crecimiento.

Creo que lo más importante es brindarles a los hijos disponibilidad afectiva en calidad y cantidad de tiempo teniendo en cuenta la edad cronológica. Cuando las madres regresan de trabajar es importante que se involucren en la rutina de sus hijos, intentando dejar de lado las preocupaciones laborales.

– Acerca de Instituto Sincronía:
Luego de quince años de desarrollo en el tratamiento de la ansiedad y el estrés desde Hémera, la Licenciada Mirta Dall´Occhio integra los nuevos avances en terapia de tercera generación. Al Innovar y ampliar de manera específica el abordaje sobre las emociones humanas, la mirada y los recursos crecen. Hémera evoluciona transformándose en el Instituto Sincronía, con el objetivo de seguir ayudando a las personas a recuperar el balance y la vitalidad. Restableciendo el movimiento creativo y saludable, integrando la mente, el cuerpo y el ambiente de un modo superador. Entrenando a los profesionales de manera práctica y actual, contribuyendo desempeñar su rol con excelencia.

Sabemos el impacto que el estrés tiene en la vida cotidiana. Las tensiones y preocupaciones se tornan excesivas, irrumpen interfiriendo en el desempeño de las actividades sociales, familiares, laborales y académicas. Impactan de manera negativa en la salud de la persona y su entorno. Constituyen trastornos que hacen necesario aplicar tratamientos específicos. El objetivo que proponemos está centrado en la recuperación sustentable de la persona afectada. Esto se logra mediante la comprensión cabal de las causas. Mediante la confianza en los nuevos recursos que provean cambios emocionales, corporales, mentales y de comportamiento. Recuperando la capacidad de elegir, saliendo de los automatismos limitantes. En el Instituto Sincronía somos un equipo de profesionales capacitados para evaluar y llevar a cabo tratamientos focalizados específicamente en los problemas relacionados con el estrés, la ansiedad y otras emociones desreguladas.

Los valores y la destacada formación y compromiso que compartimos en nuestro equipo de profesionales y consultores hacen posible una indicación precisa de los tratamientos. Trabajamos juntos confiando que la salud y vitalidad se educan, se pueden recuperar, y se aprenden a cuidar.

Lic. Lucila Donovan
Instituto Sincronía
Especialistas en estrés, ansiedad y emociones
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