Una cita todas las mañanas

Por Alejandra Josovic, autora de ‘Gurú del placard, cuando la felicidad comienza por el orden’, Editorial Albatros (albatros.com.ar)

Suena el despertador y empiezan las corridas. Te parás frente al placard y hacés un repaso del día, pensando todo lo que te toca hacer. Te espera una maratón. Y, como si fuera poco, durante todo el día debés estar arreglada y linda pero, sobre todo, cómoda. ¡Y ese guardarropa que no ayuda!

Vas y venís, te probás tres o cuatro conjuntos, no encontrás lo que buscás y terminás poniéndote algo que no siempre cubre todas las necesidades de tu jornada. Elegís más por apuro que por convicción, y allá vas, a vivir el día con una sensación de molestia en tu autoestima. ¿Sabés por qué? La respuesta más acertada, seguramente, es que tu placard no está organizado.

No es casualidad que vestirte sea una complicación si mantenés un lío en los cajones, las prendas apretadas en el barral, los zapatos mal dispuestos. Es decir, tanta superposición hace imposible que puedas ver todo lo que tu placard te ofrece. Es difícil descubrir lo que cada día necesitás si todo está mezclado,
si tu ropa no está debidamente preparada para su uso.

El guardarropa es el espejo que nos muestra nuestro estado de ánimo. Nos dice si estamos centrados, si nos dimos tiempo para nosotros mismos. Es un signo de nuestro espíritu y de la capacidad de respetar nuestras necesidades y gustos.
Si te ves reflejado en todo esto y tus mañanas comienzan con pérdidas de tiempo inútiles y una cierta angustia, es tiempo de mantener la calma y pensar en una solución.

Si buscás serenidad, si querés iniciar tu jornada con alegría, lo mejor es tener un placard ordenado que te permita encontrar rápida y eficientemente eso que necesitás, esa ropa que va a acompañarte a lo largo del día y que debe
resultarte ideal.

Pero ¿cuándo el placard está verdaderamente organizado y ordenado? Cuando las prendas tienen los colores que te gustan y el tipo de diseño que se adapta a tu estilo, cuando todo eso que guardás se convierte en una herramienta eficaz.
Hay orden si siempre tenés los básicos a mano (esos que tanto te salvan en situaciones de apuro) y si los talles corresponden a tu cuerpo actual. Será el vestidor perfecto si la ropa está limpia y planchada, si no hay acumulación y si
todas las prendas se pueden encontrar con una sola mirada.

El placard, grande o pequeño, habla sobre quién sos, sobre quién querés ser. En tu ropa habita tu brillo interior. Ella le habla de vos a los demás. Por eso es importante que tu guardarropa te permita conectarte con quien sos y no con
quien dejaste atrás. Esa persona que hoy se prepara para salir al mundo no es igual a la que fuiste en otra etapa de tu vida. Entonces ¿por qué guardar la ropa que te acompañó en ese otro momento?
Una parte del secreto del éxito es la capacidad de hacer los cambios necesarios que la vida nos propone. Estos se logran con constancia, cumpliendo paso a paso con las metas prefijadas. Cada elección nos obliga a abandonar algo, pero sin esos duelos estaríamos estancados, varados en un territorio lleno de frustraciones. La ropa acompaña ese continuo movimiento de nuestras vidas. No solo cambiamos nuestro vestuario porque así lo indica la moda, también lo hacemos porque nosotros cambiamos. En realidad, esas modificaciones guardan una enseñanza respecto de la relación con nuestra imagen. Aprender a evaluarnos, afinar el sentido del orden, respetar verdaderamente nuestro
cuerpo, aceptando nuestras características y diferencias, siempre va a dar como resultado más seguridad y mayor bienestar emocional.

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