Agustín Souchy: ética libertaria / Carlos Penelas

Agustín Souchy: ética libertaria

Días atrás Rocío vuelve a hablarme de su padre, Luis Danussi, un militante del anarco-sindicalismo argentino, de larga trayectoria, de honestidad, integridad y generosa vocación. Un hombre – amante de la literatura, el cine y la pintura -que llegó a tener correspondencia con Albert Camus. Perseguido y encarcelado sistemáticamente por el peronismo supo combatir el fascismo de izquierda y de derecha. Continúo escribiendo y dando conferencias hasta el final de sus días en favor de la libertad. Combatió siempre el autoritarismo, la demagogia, la corrupción y la falta de escrúpulos de la mayoría de los gobiernos. Y de los pueblos.

Hizo mención también a  Agustín Souchy cuando vivió en su casa de Villa Domínico. Rocío era adolescente cuando Souchy visitó Argentina en los años 60. Luis Danussi había estado en Cuba al poco tiempo de estallar la revolución cubana y de inmediato tuvo una impresión negativa del accionar de sus líderes. Vale la pena recordar un libro: Cuba: país de poca memoria, 1951, escrito por el lúcido periodista italiano Aldo Baroni quien vivió en Cuba durante la dictadura de Machado. Pensamos que es  un buen punto de partida para analizar el estatuto de la desmemoria y sus efectos en la sociedad cubana. Y en toda sociedad.

Éste breve artículo sólo quiere reflejar aquello que no se quiere ver. Y explicar por qué muchas cosas se reiteran en la historia.  La masa – ortodoxa  siempre – dogmática y ciega. Recopilamos datos entonces de nuestro personaje.

Mario Castillo Santana dice: “En esta figura hoy olvidada es interesante constatar que a diferencia de otros que vinieron a Cuba en esa época, como Hans Magnus Enzerberger, Regis Debrais, René Dumont, Max Aub, Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, Allan Ginsberg, Oscar Lewis, Wright Mills, Adolfo Gilly, Waldo Frank; Agustin Souchy no tuvo que esperar a que se produjera en Cuba el giro político que desembocó en los años 70 para superar la mirada idílica sobre la revolución cubana, la cual afectó la visión de la mayoría de aquellos viajeros. Así, ya para fines de 1960 Souchy tenía listo su folleto Testimonio sobre la revolución cubana, un texto que en Cuba sólo fue publicado parcialmente y después retirado de la circulación pública por las nuevas autoridades cubanas, para salir íntegro en la editorial «Reconstruir» de la Federación Libertaria Argentina”.

Souchy se hizo anarquista leyendo a Gustav Landauer. En 1914 se declaró insumiso y se refugió en Suecia, donde fue detenido por difusión de panfletos antimilitaristas. En la cárcel escribió un libro sobre Landauer, quien había sido asesinado el 2 de mayo de 1919. En 1920 participó en Rusia del Congreso de la Tercera Internacional. Allí se contactó con el Kropotkin, viviendo en su casa. A su regreso escribió un libro sumamente crítico del régimen soviético. En Berlín, 1922-1923, formó parte del secretariado de AIT junto a Rudolf Rocker y Alejandro Schapiro. Su vida es de una actividad inmensa, de un peregrinar en busca de libertad y ética social. Rocío me contó que tenía muy buen humor, que era muy simpático. Recordemos que estuvo en la casa de su padre durante quince días. Gustaba del strudel de manzana que hacía su madre, doña Elsa, esposa de Danussi. “Mejor que el de Alemania” solía repetir.

En julio de 1936 marchó a Barcelona, donde fue nombrado responsable de relaciones exteriores de la FAI y consejero político del CR de Cataluña y del CN de la CNT. Consumado políglota, dotado de cualidades diplomáticas, un enorme prestigio y fama internacionales, así como de una gran experiencia militante, se convirtió en extremadamente valioso para los comités superiores cenetistas.

Veamos el testimonio del español Ángel Samblancat: “He leído bastantes escritos de Agustín Souchy y le he oído hablar en no pocas asambleas. Por fortuna para él, Souchy no es un orador al modo y a la moda clásicos (…) En Souchy sorprende el caudal de sus ideas (…) esa universalidad de su atención lo erigen para nosotros a la condición de guía de gentes, que es lo propio del internacionalista perfecto y lo sitúan entre los pensadores más considerables de nuestra época. El intelecto de Souchy es penetrante, cortante y agudo, porque es amoroso. Si no lo fuera (…) no confraternizaría con los vagabundos afines y no sembraría semillas de porvenir en uno y otro lado del hemisferio, que a él le parecen dos salones de una misma vivienda”.

Vale la pena recordar que cuando triunfa la revolución cubana en enero de 1959, Souchy es una figura de relieve internacional en los medios sindicales conocedor en profundidad  de los proyectos cooperativistas que se están desarrollando en  Israel, Madagascar, Etiopía, Bolivia, Yugoslavia, Costa Rica, Honduras y el propio México.

El historiador Juan Manuel Ferrario escribe: “Los anarquistas, experimentados en materia de ser perseguidos por gobiernos de todo tipo, habían tomado la precaución de mandar previamente un ejemplar del libro a la Argentina, donde los anarquistas de la Federación Libertaria Argentina lo editaron, gracias a ellos podemos conocer lo que vio Souchy en Cuba, donde vaticinaba cosas que luego poco a poco y lamentablemente, fueron sucediendo. Y no sólo los anarquistas fueron perseguidos, sino también los homosexuales, a quienes se encerraba en campos de concentración. La revolución cubana nació de un abanico mucho más grande que de las ideas comunistas que luego se le metieron. La influencia anarquista en Cuba fue mucha, no solo desde tiempos inmemoriales cuando llegaban a Cuba las ideas anarquistas de la mano de Enrique Roig San Martín, sino también por haber sido uno de los países donde muchos anarquistas se exiliaron tras la caída de la República en España, entre esos exiliados anarquistas estaban los padres de Camilo Cienfuegos. Los colores rojo y negro de la bandera del 26 de julio es otra muestra más de la influencia anarquista en Cuba. Otro anarquista miliciano en España, luego exiliado de Cuba fue Abelardo Iglesias, quien en su libro «Dictadura y revolución en Cuba» relata cosas similares a las que contaba Souchy. Los anarquistas cubanos participaron de la revolución pero tras la llegada de Castro al poder fueron apresados, torturados y exiliados. Ni hablar de cuando vieron cómo los comunistas cubanos iban llevando la revolución hacia intereses que no eran por los que el pueblo había luchado. Algo similar a lo que ya habían visto en España en los años 30. La dictadura de Batista, anterior a la de Castro, había contado con el apoyo de los comunistas, siempre pioneros en traicionar buenas causas. Otros anarquistas cubanos fueron los hermanos Moscú, uno de ellos torturado por la policía política castrista hasta mas no poder, algunas fuentes señalan que al enterarse de ello, Cienfuegos, que no era anarquista, tuvo una gran pelea con Raúl Castro y a los pocos días desaparecía en «un avión caído al mar», nunca lo sabremos a ciencia cierta, por una cuestión de Estado”.

Estimado lector, le he entregado estas líneas para que conozca el pensamiento de un hombre olvidado. En su vida, en sus escritos, palpita el mundo libertario, el universo que Camus soñaba. Si recurrimos a sus libros, a sus testimonios no nos engañaremos con falsas revoluciones, con míticos engaños, con líderes verborrágicos, con relatos que nos llevan a la imbecilidad y a la anamnesis histórica. Y también al exilio, la cárcel o la muerte.

Agustin Souchy Bauer nació el 28 de agosto de 1892 en Racibórz, en la Alta Silesia (Polonia) y murió el 1 de enero de 1984, en Munich (Alemania).

Carlos Penelas

Buenos Aires, 3 de septiembre de 2022